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By Euripides; Medina González, A. y López Férez, J. A. (trad.)

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HERACLES. — Ni a uno solo de mis trabajos puedo ~nunciar. CORIFEO. — Si matas, regresarás; si mueres, quedaallí. HERACLES. — No es la primera vez que voy a correr riesgo semejante. CORIFEO. — ¿ Y qué vas a ganar con vencer al amo? 490 HERACLES. — Llevar los potros al señor de Tirinto. CORIFEO. — No es fácil ponerles el freno en las quidas. HERACLES. — Con tal que no soplen fuego por las inces. CORIFEO. — Pero destrozan hombres con sus ligeras andibulas. HERACLES. — De fieras montaraces es el pasto que 495 ces, no de caballos.

Co~i alyrois hÑmnois, se alude, probablemente, a recita~neS épicas sin acompañamiento musical. Las Carnéades se ebraban todos los años en Esparta en honor de Apolo, en mes Carneo (agosto-septiembre) y duraban nueve días. La ~rPn~-ia a Atenas es más difícil de entender, pero, quizá, ~s alude a su propio drama o a los dramas que, en su UlPO, estaban dedicados a la memoria de Alcestis en Atenas. 44& Aquí está testimoniada por primera vez esta expresión, 1 repetida, luego, en los epitafios griegos y latinos, como Iflula: Sit tíbi terra levis.

HERACLES. — ¿Y cómo perdió la vida en tu casa? ADMETO. — Desde que murió su padre, estaba aquí 535 como huérfana. HERACLES. — ¡Ay, ojalá te hubiera encontrado, Admeto, exento de dolor! ADMETO. — ¿ Con qué intención tejes estas palabras? HERACLES. — Me encaminaré al hogar de otros hués~des. ADMETO. — No lo hagas, señor. Que no venga tan rande desgracia. HERACLES. — Para los que están apenados, molesto 540 que se presente un huésped. ADMETO. — Los muertos están muertos. Entra en la isa. HERACLES.

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