Download Aníbal y los enemigos de Roma by Peter Connolly PDF

By Peter Connolly

Hannibal and the enemies of Rome. Discusses the half performed by means of the Etruscans, Samnites, Carthaginians, and Celts in Roman and Italian background. contains an account of Hannibals march and masses description of the armor and guns of the interval.

Show description

Read Online or Download Aníbal y los enemigos de Roma PDF

Best literatura y ficcion books

La vida, el universo y todo lo demas

En este libro prosiguen las cosmicas y comicas aventuras iniciadas en l. a. Guia del autoestopista galactico y El restaurante del fin del mundo, los angeles universalmente aclamada trilogia. cuyos volumenes pueden leerse de forma independiente.

Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of lifestyles at the border among the us and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian fantasy because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited lady trying to find her lacking brother. all through her trip, Makina is compelled to depend upon her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a antagonistic and unsafe global.

Extra resources for Aníbal y los enemigos de Roma

Sample text

Ante medio centenar de haraposos, un hombre oscuro y larguísimo, envuelto en una túnica morada, estaba hablando. No interrumpió su perorata ni echó una ojeada a los recién venidos. Joáo sintió que algo vertiginoso bullía en su cerebro mientras escuchaba lo que el santo decía. Estaba contando la historia de un pecador que, después de haber hecho todo el daño del mundo, se arrepintió, vivió haciendo de perro, conquistó el perdón de Dios y subió al cielo. Cuando terminó su historia, miró a los forasteros.

La vida estaba lejos de ser perfecta y sin complicaciones. Pese a que el Consejero predicaba contra el juego, el tabaco y el alcohol, había quienes jugaban, fumaban y bebían cachaca y, cuando Canudos comenzó a crecer, hubo líos de faldas, robos, borracheras y hasta cuchilladas. Pero esas cosas ocurrían allí en menor escala que en otras partes y en la periferia de ese centro activo, fraterno, ferviente, ascético, que eran el Consejero y sus discípulos. El Consejero no había prohibido que las mujeres se ataviaran, pero dijo incontables veces que quien cuidaba mucho de su cuerpo podía descuidar su alma y que, como Luzbel, una hermosa apariencia solía ocultar un espíritu sucio y nauseoso: los colores fueron desapareciendo de los vestidos de jóvenes y viejas, y éstos se fueron alargando hasta los tobillos, estirando hasta los cuellos y anchando hasta parecer túnicas de monjas.

Podía él ser útil a los hombres de Canudos? Sin falsa modestia, alguien fogueado en las luchas políticas y que ha dedicado su vida a la revolución podría ayudarlos, en la toma de ciertas decisiones y a la hora de combatir. Finalmente, la experiencia sería valiosa, si la comunicaba a los revolucionarios del mundo. Tal vez dejaría sus huesos allí, pero ¿no era ese fin preferible a morir de enfermedad o de vejez? Regresó al albergue y, desde el umbral, dijo a Epaminondas Goncalves: «Soy tan loco para hacerlo».

Download PDF sample

Rated 4.43 of 5 – based on 27 votes