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By Eduardo Galeano

Este libro ofrece una multitud de pequenas historias que cuentan, juntas, una sola historia. Es una travesia por los temas mas diversos: el amor, los angeles infancia, el agua, los angeles tierra, los angeles palabra, l. a. imagen, los angeles musica, el exodo, el poder, el miedo, los angeles guerra, los angeles indignidad, l. a. indignacion, el vuelo... Sus protagonistas aparecen y se desvanecen para seguir viviendo, historia tras historia, en otros personajes que les dan continuidad. Tejidos por los hilos del tiempo, ellos son tiempo que cube: son bocas del tiempo.

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Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of existence at the border among the us and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian delusion because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited woman trying to find her lacking brother. all through her trip, Makina is compelled to depend on her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a adversarial and hazardous international.

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La estrella brillaba de un lado, y del otro no. Esto ocurre con las estrellas, cada vez que caen en la tierra, y en la tierra se revuelcan: de un lado son de plata, y fulguran conjurando las noches del mundo; y del otro lado son de lata nomás. Esa estrella de plata y de lata, apretada en un puño, acompañó a doña Tota en el parto. El recién nacido fue llamado Diego Armando Maradona. 31 El nacimiento El hospital público, ubicado en el barrio más copetudo de Río de Janeiro, atendía a mil pacientes por día.

Chillaba Lord Chichester como si lo estuvieran desollando. Cosa rara, porque él era feo pero callado. —Algo le duele mucho —dijo Juan. Siguiendo los chillidos, llegaron al fondo del corredor. Raquel aguzó el oído, y opinó: —Nos está avisando que hay una gotera. Deambularon por la antigua casona, hasta que ubicaron el clip-clop de la gotera en el baño. —Ese caño siempre perdió —dijo Juan. —Se va a inundar —temió Raquel. Y discutieron, que sí, que no, hasta que Juan miró el reloj, casi las cinco de la mañana, y bostezando suplicó: —Vamos a dormir.

Y fueron ellos quienes decidieron que el niño iba a tener destino literario y merecía llamarse Catulo, como el poeta latino. En el Registro Civil le agregaron el acento a Cátulo Castillo, el creador de La última curda y de otros tangos de esos que son para escuchar de pie, sombrero en mano. 33 El nombre El pueblo de Cerro Chato nunca tuvo ningún cerro, ni chato ni puntiagudo. Pero Javier Zeballos recuerda que Cerro Chato sí tenía, en los tiempos de su infancia, tres comisarios, tres jueces y tres doctores.

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