Download El Túnel: Novela (Esenciales) by Ernesto Sabato PDF

By Ernesto Sabato

El t?nel es l. a. mejor introducci?n al universo prodigioso de Sabato; un cl?sico… una historia sobre el drama del hombre arrojado en el sinsentido m?s doloroso: l. a. conciencia de l. a. nada Juan Pablo Castel es un pintor recluido en prisi?n por el asesinato de Mar?a Iribarne. Durante su encierro rememora los angeles cadena de acontecimientos que lo llevaron a perder el keep watch over, a convertirse en un hombre pose?do por una insalvable soledad, l. a. de los angeles ausencia de los angeles mujer amada hasta el l?mite, los angeles del enga?o que ha convertido su coraz?n en un pedazo duro y fr?o de hielo y ha colocado entre sus manos el cuchillo que pone fin al sufrimiento. T?cnicamente perfecta y de lectura apasionante, El t?nel excede el negativismo ?cido de Sartre y los angeles fren?tica huida hacia el vac?o que plantea El extranjero de Camus, pero tiene de esos dos maestros literarios los angeles impronta genial que hace de los angeles escritura una radiograf?a del alma atormentada.

Show description

Read Online or Download El Túnel: Novela (Esenciales) PDF

Similar literatura y ficcion books

La vida, el universo y todo lo demas

En este libro prosiguen las cosmicas y comicas aventuras iniciadas en l. a. Guia del autoestopista galactico y El restaurante del fin del mundo, los angeles universalmente aclamada trilogia. cuyos volumenes pueden leerse de forma independiente.

Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of lifestyles at the border among the U.S. and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian fantasy because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited woman trying to find her lacking brother. all through her trip, Makina is pressured to depend on her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a opposed and unsafe global.

Additional resources for El Túnel: Novela (Esenciales)

Sample text

Apenas me presentó a esa mujer, que estaba sentada en el jardín, cerca de una mesa donde se habían puesto las cosas para el té, Hunter me llevó adentro, a la pieza que me habían destinado. Mientras subíamos (la casa tenía dos pisos) me explicó que la casa, con algunas mejoras, era casi la misma que había construido el abuelo en el viejo casco de la estancia del bisabuelo. ", pensaba yo. Era evidente que el tipo quería mostrarse sencillo y franco, aunque ignoro con qué objeto. Mientras él decía algo de un reloj de sol o de algo con sol, yo pensaba que Ernesto Sábato 61 El tunel María quizá debía estar en alguna de las habitaciones de arriba.

Le estrujé el brazo. Gimió. —Me haces mal, Juan Pablo —dijo suavemente. —¿Por qué no me decís nada? ¿Por qué no respondes? No decía nada. —¿Por qué? ¿Por qué? Por fin respondió: —¿Por qué todo ha de tener respuesta? No hablemos de mí: hablemos de vos, de tus trabajos, de tus preocupaciones. Pensé constantemente en tu pintura, en lo que me dijiste en la plaza San Martín. Quiero saber qué haces ahora, qué pensás, si has pintado o no. Le volví a estrujar el brazo con rabia. —No —le respondí—. No es de mí que deseo hablar: deseo hablar de nosotros dos, necesito saber si me querés.

Y ese ciego, ¿qué clase de bicho era? Dije ya que tengo una idea desagradable de la humanidad; debo confesar ahora que los ciegos no me gustan nada y que siento delante de ellos una impresión semejante a la que me producen ciertos animales, fríos, húmedos y silenciosos, como las víboras. Si se agrega el hecho de leer delante de él una carta de la mujer que decía Yo también pienso en usted, no es difícil adivinar la sensación de asco que tuve en aquellos momentos. Traté de ordenar un poco el caos de mis ideas y sentimientos y proceder con método, como acostumbro.

Download PDF sample

Rated 4.39 of 5 – based on 49 votes