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By Camilo Jose Cela

En el Madrid de l. a. posguerra, un bullicioso enjambre humano se afana en comer caliente, esquivar el frio, saciar el deseo sexual, librarse de l. a. tuberculosis, matar el tiempo..., ir tirando. Seguramente los angeles obra mas valiosa de Cela. Un testimonio fiel de l. a. vida cotidiana en las calles, cafes y alcobas del Madrid de 1943, pero tambien una amarga cronica existencial.

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En este libro prosiguen las cosmicas y comicas aventuras iniciadas en los angeles Guia del autoestopista galactico y El restaurante del fin del mundo, l. a. universalmente aclamada trilogia. cuyos volumenes pueden leerse de forma independiente.

Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of existence at the border among the USA and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian fable because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited lady trying to find her lacking brother. all through her trip, Makina is pressured to depend on her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a antagonistic and hazardous global.

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Los zapatos los llevaba un poco deformados ya. Tenia los ojos claritos, verdicastaños y algo achinados. ". Don Edmundo Páez Pacheco murió de unas viruelas, en Almería, el año del desastre. La chica, mientras hablaba con Paco, le había sostenido la mirada. Una mujer pide limosna con un niño en el brazo, envuelto en trapos, y una gitana gorda vende lotería. Algunas parejas de novios se aman en medio del frío, contra viento y marea, muy cogiditos del brazo, calentándose mano sobre mano. 35 Camilo José Cela La colmena Celestino, rodeado de cascos vacíos en la trastienda de su bar, habla solo.

Es el vecino de arriba. Don Ibrahim respondió: —Que pase, mujer, que pase; no lo tengas ahí. Don Leoncio Maestre estaba pálido. —Veamos, convecino, ¿qué le trae por mi modesto hogar? A don Leoncio le temblaba la voz. —¡Está muerta! —¿Eh? —¡Que está muerta! —¿Qué? —Que si, señor, que está muerta: yo le toqué la frente y está fría como el hielo. 51 Camilo José Cela La colmena La señora de don Ibrahim abrió unos ojos de palmo. —¿Quién? —La de al lado. —¿La de al lado? —Sí. —¿Doña Margot? —Sí. Don Ibrahim intervino.

31 Camilo José Cela La colmena 2 —Ande, largo. —Adiós, muchas gracias; es usted muy amable. —Nada. Vayase por ahi. Aqui no lo queremos ver más. El camarero procura poner voz seria, voz de respeto. Tiene un marcado deje gallego que quita violencia, autoridad, a sus palabras, que tiñe de dulzor su seriedad. A los hombres blandos, cuando desde fuera se les empuja a la acritud, les tiembla un poquito el labio de arriba; parece como si se lo rozara una mosca invisible. —Si quiere, le dejo el libro. —No; lléveselo.

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