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By Anthony Burgess

L. a. historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres drugos-amigos en un mundo de crueldad y destruccion. Alex tiene, segun Burgess, los principales atributos humanos; amor a l. a. agresion, amor al lenguaje, amor a los angeles belleza. Pero es joven y no ha entendido aun los angeles verdadera importancia de l. a. libertad, l. a. que disfruta de un modo tan violento. En cierto sentido vive en el Eden, y solo cuando cae (como en verdad le ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformase en un verdadero ser humano.

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La vida, el universo y todo lo demas

En este libro prosiguen las cosmicas y comicas aventuras iniciadas en l. a. Guia del autoestopista galactico y El restaurante del fin del mundo, l. a. universalmente aclamada trilogia. cuyos volumenes pueden leerse de forma independiente.

Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of existence at the border among the U.S. and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian fable because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited woman looking for her lacking brother. all through her trip, Makina is pressured to depend on her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a adverse and unsafe global.

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Y pudimos videar uno o dos, scotinas grandes y gordas, saltando a la mesa con las rotas abiertas haciendo meeer meeer meeer. Y también se videaba a la vieja bábuchca hablándoles, goborando con lenguaje regañón a los gatitos. En la sala se videaba un montón de antiguas fotos sobre las paredes, y relojes starrios y muy complicados, y también algunos vasos y adornos que parecían starrios y dorogos. Georgie murmuró: -Por esas vesches conseguiríamos dengo de verdad y joroschó. Will el Inglés está muy entusiasmado.

Ahora dime, Lerdo, ¿qué anuncia esa sonrisota de caballo? -Pues el Lerdo tenía la rota abierta en una especie de smecada besuña y silenciosa. Georgie intervino muy scorro: -Está bien, deja de tomártelas con el Lerdo, hermano. Eso es parte del nuevo estilo. -¿Nuevo estilo? -repetí-. ¿Qué es eso de nuevo estilo? Seguro que se habló mucho a mis durmientes espaldas. Déjenme slusar un poco más. -Y medio crucé los brazos y me apoyé cómodamente contra la derruida baranda, siempre más alto que ellos, los que se llamaban mis drugos, en el tercer escalón.

De P. R. Deltoid, mi consejero postcorreccional. Muy raro. -Lamento lo del dolor -dijo Georgie, como si la cosa le preocupase mucho-. Tal vez estuviste usando demasiado la golová. Tal vez mucho trabajo dando órdenes y cuidando la disciplina, y cosas así. ¿Seguro que se te pasó el dolor? ¿No prefieres volverte a la cama? -y todos me ofrecieron una especie de malenca sonrisita. -Un momento -dije-. Pongamos clarito todo. Este sarcasmo, si así puedo llamarlo, no les sienta bien, amiguitos míos. Quizás estuvieron goborando tranquilamente a mis espaldas, haciendo algunos chistecitos y cosas por el estilo.

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