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By Julio Cortazar

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En este libro prosiguen las cosmicas y comicas aventuras iniciadas en los angeles Guia del autoestopista galactico y El restaurante del fin del mundo, los angeles universalmente aclamada trilogia. cuyos volumenes pueden leerse de forma independiente.

Senales que precederan al fin del mundo

A gripping mirrored image of lifestyles at the border among the USA and Mexico, this novel combines modern sensibilities with pre-Colombian delusion because it relates the tale of Makina, a tender, temperamental, and free-spirited lady looking for her lacking brother. all through her trip, Makina is compelled to depend on her ingenuity to outlive 9 mythical quests in a adversarial and hazardous international.

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No son cosas incompatibles —dijo el doctor Restelli—. Pero es necesario que haya una autoridad vigilante y con amplios poderes. Admito y soy paladín de la democracia en la Argentina, pero la confusión de la libertad con el libertinaje encuentra en mí un adversario decidido. —Quién habla de libertinaje —dijo don Galo—. En cuestiones de moral, yo soy tan rigorista como cualquiera, coño. —No usaba el término en ese sentido, pero puesto que lo toma en su acepción corriente, me alegro de que coincidamos en este terreno.

Capaz que la barra del Japonés me está manyando desde la orilla, son todos de por ahí... ¿Pero qué clase de viaje es éste, decime un poco? Jorge lo examinó con ojos sagaces. —Hace una hora que estamos anclados —dijo—. Yo subí a las seis, no tenía más sueño. ¿Sabe que aquí nunca se ve a nadie? Pasaron aos marineros apurados por alguna cosa de la maniobra, pero creo que no me entendieron cuando les hablé. Seguro que eran lípidos. —¿Lo qué? —Lípidos. Son unos tipos muy raros, no hablan nada. A menos que sean prótidos, debe ser fácil confundirlos.

Por desgracia embarcaron a última hora y no se pudo ofrecerles la cena. —Curioso —dijo Claudia—. En cambio tuvieron tiempo para preparar las cabinas y distribuirnos muy cómodamente. El barman hizo un gesto y esperó las órdenes. Le pidieron cerveza, coñac y sandwiches. —Sí, todo es curioso —dijo Medrano—. Por ejemplo, el bullicioso conglomerado que parece presidir el joven pelirrojo no se ha heGho ver por aquí. A priori uno pensaría que ese tipo de gente tiene más apetito que nosotros, los linfáticos, si me perdona que la incluya en el gremio.

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